Sesión 14

COMO UN HOMBRE PIENSA, ASÍ ES SU VIDA

( As a Man Thinketh )

Nuestros ojos están acostumbrados a ver hacia afuera, para eso están diseñados, construidos y acomodados… Nuestra vista generalmente está enfocada hacia el exterior, hacia lo que nos rodea y eso que vemos afuera dice mucho de los que somos por dentro. ¿Por qué? Pues ya hemos mencionado que nuestras circunstancias son el resultado de lo que pensamos.

Nada es gratuito ni puede ir en contra de las leyes naturales, si así fuera, hace tiempo que la sociedad y el mundo hubieran colapsado y desaparecido. ¿Cómo están el interior y el exterior de nuestra casa, la recámara, el automóvil o el escritorio de la oficina? ¿En orden, limpios, cuidados o por el contrario, abandonados, maltratados, sucios, desordenados?  Qué tal si pensamos que así como están esas cosas, también lo estamos nosotros interiormente. Una manzana viene de la semilla del manzano, no puede ser de otra manera, no puede venir de la vid ni surgir por generación espontánea. Las semillas que han dado lugar a nuestras circunstancias, grábatelo, son nuestros pensamientos.

De ahí que en donde debemos trabajar es en nuestro interior, en nuestra mente, en nuestros pensamientos, es dejar de ver hacia afuera para ver el interior… Sigamos avanzando con algunos párrafos en el 2° capítulo del libro…

 

  1. Efecto del pensamiento en las circunstancias

(Continuación)

Las circunstancias, sin embargo, son tan complicadas, el pensamiento está tan profundamente enraizado, y las condiciones de felicidad varían tanto entre individuos, que la condición del alma del hombre en su totalidad (aunque él la conozca) no puede juzgarse de otro modo que no sea por el aspecto externo de su vida. Un hombre puede ser honesto en cierta dirección, y aún así sufrir de privaciones; un hombre puede ser deshonesto en cierta dirección, y aún así adquirir riquezas; pero la conclusión usual de que el primero falla debido a su particular honestidad, y que el segundo es próspero gracias a su particular deshonestidad, es resultado de un juicio superficial, que asume que el deshonesto es corrupto casi por completo, y el honesto es casi enteramente virtuoso. A la luz de un profundo conocimiento y mayor experiencia, tal juicio se encontrará erróneo. El deshonesto ha de tener algunas virtudes admirables que el otro no posee; y el honesto, vicios dañinos que están ausentes en el otro. El hombre honesto cosecha los buenos resultados de sus pensamientos y actos honestos; también atrae el sufrimiento que su vicio produce; El deshonesto del mismo modo cosecha sus propios sufrimientos y dichas.

La vanidad humana se complace al creer que uno sufre por causa de su virtud; pero hasta que el hombre haya extirpado cada pensamiento malsano, amargo e impuro de su mente, y limpiado cada mancha pecaminosa de su alma, no estará en posición de saber y decir que sus sufrimientos son resultado de su buenas, y no de sus malas cualidades; y en el camino de la perfección, habrá encontrado funcionando en su mente y en su vida, la Gran Ley que es absolutamente justa, y que no da bien por mal, ni mal por bien. En posesión de tal conocimiento, entenderá, mirando atrás en su pasada ignorancia y ceguera, que su vida se desarrolla, y siempre se desarrolló, con justicia, y que todas sus experiencias pasadas, buenas y malas fueron fruto imparcial de su propio ser en proceso de evolución.

Buenos pensamientos y acciones jamás pueden producir malos resultados; malos pensamientos y acciones no pueden jamás producir buenos resultados. Esto no es otra cosa que afirmar que no puede cosecharse más que trigo del trigo, u ortiga de la ortiga. El hombre entiende esto en el mundo natural, y trabaja con ese conocimiento; pero pocos lo entienden en el mundo moral y mental (aunque esta operación es tan simple y directa), y por lo mismo no cooperan con esa ley.

El sufrimiento es siempre el efecto de los pensamientos equivocados en alguna dirección. Es indicador de que el individuo está fuera de armonía consigo mismo, con la ley de su ser. El único y supremo uso del sufrimiento es la purificación, quemar todo aquello que es inútil e impuro. El sufrimiento cesa para quien es puro. No hay sentido en quemar el oro después que la escoria se ha retirado, y un ser perfectamente puro e iluminado no puede sufrir.

 

COMENTARIOS:

Lo que hoy nos rodea es algo que hemos atraído y acumulado desde que nacimos, por eso se ve tan complicado, es mucho lo que hay, y ha pasado tanto tiempo que además nuestra manera de pensar ha echado raíces profundas en nuestra mente y por eso a veces es difícil poder cambiar. Pero veamos como a un delincuente se le juzga por lo que hace, por sus actos, lo mismo sucede al contrario, si pensamos en los santos –es decir aquéllos que ya se encuentran en el Cielo- fueron canonizados por sus actos, sus obras “sus milagros”.

Cuando nos ponemos a detectar, a poner “una lupa” a lo que hacemos, podemos empezar a ver qué tipo de pensamientos son los que nos están generando nuestros malos resultados. Por ejemplo, si tenemos problemas en la oficina porque no tuvimos a tiempo un trabajo, un proyecto que se nos solicitó, o no lo presentamos adecuadamente, con errores o incompleto, y ese tipo de comportamiento se repite con cierta frecuencia, eso sin duda va a influir de una manera negativa y determinante para un ascenso, un aumento en el sueldo o incluso en un despido. ¿No será que ese trabajo, que sabíamos tiempo atrás que teníamos que hacer, lo fuimos postergando… dejando para mañana… porque siempre encontramos un pretexto para dejarlo para después, hasta que se llegó el momento de presentarlo y claro, el proyecto fue deficiente. Si no recibimos un mejor puesto, el aumento de sueldo, o nos despidieron. No tendríamos que culpar al jefe de que es un mal superior o que nos tiene mala fe, o que la empresa nos exige de más por lo que nos paga. Más bien habría que analizar cuáles fueron los pensamientos que nos hicieron postergar el hacer la tarea que nos correspondía y dejarla para “mañana”.  Esos pensamientos pueden ser muchos: “no hay prisa, mañana me vengo temprano y lo hago, hoy tengo flojera o no me siento bien, o tengo que hacer… cualquier otra cosa. Etc. etc..”… Esos son los pensamientos que generaron el problema. Si cambiamos los pensamientos, cambiaremos también los resultados. Por ejemplo, “Voy a hacerlo ahora mismo, así si se me dificulta, estoy a tiempo de solicitar ayuda, o puedo terminar antes y mejorar la presentación, o revisar mejor “los números”…” En este segundo caso ¿Cuál habría sido el resultado final?…

Lo anterior es sólo un ejemplo y tal vez a algunos les parezca simplón, pero lo que busco es probar como a fin de cuentas nuestros resultados tienen su origen en nuestros pensamientos.

No es difícil preguntarnos y hasta sentir envidia de otros a “los que les va muy bien” mientras que son unos buenos para nada, unos sinvergüenzas, deshonestos, lambiscones, corruptos y oportunistas. Mientras que a mí, que soy toda honradez, mi comportamiento es “intachable” ni me presto a malos manejos, “me va tan mal”… Lo que sucede es que ese primer “malvado” algo debe de estar haciendo bien y no todo en él es condenable, mientras que nuestra conducta honesta puede esconder ciertos vicios de los que nos hacemos de “la vista gorda”.

Recuerda esto:

“Buenos pensamientos y acciones jamás pueden producir malos resultados; malos pensamientos y acciones no pueden jamás producir buenos resultados.”

“El sufrimiento es siempre el efecto de los pensamientos equivocados en alguna dirección.”

 

ACCIONES:

  • Estemos atentos a nuestros pensamientos. Evitemos que la mente divague sin rumbo y tomemos nosotros el control de lo que pensamos. Debemos impedir a como dé lugar pensamientos malsanos, es decir dañinos para la salud o el espíritu, como desear envidiosamente lo que tiene el otro, sea de sus bienes materiales o personales, desearle un mal personal, en sus familia o negocio, culpar a algo externo de lo que nos pasa.
  • Evitamos pensamientos amargos, como: yo no puedo, no tengo, no nací para eso, etc.
  • Evitemos también pensamientos impuros, es decir todos aquellos que ensucien nuestra mente y nuestra conciencia.

 

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