Sesión 20

COMO UN HOMBRE PIENSA, ASÍ ES SU VIDA

( As a Man Thinketh )

Hoy damos ya inicio al 3er. capítulo del libro. Aquí el tema habla sobre como si los pensamientos que albergamos en nuestra mente se reflejan en nuestras circunstancias, también lo hacen en la salud y nuestro cuerpo. No podemos separar estas dos entidades que nos hacen una sola persona, cuerpo y mente. Pero el estado de la mente determina el estado de nuestro cuerpo, sea en la salud o la enfermedad.

 

  1. Efecto del pensamiento en la salud del cuerpo

El cuerpo es el siervo de la mente, obedece a las operaciones de la mente, sean estos deliberados o automáticos. Siguiendo pensamientos indebidos el cuerpo rápidamente se hunde en la enfermedad y el decaimiento; siguiendo pensamientos virtuosos se viste de juventud y belleza.

La salud y la enfermedad, al igual que las circunstancias, tienen su raíz en los pensamientos, pensamientos enfermizos se expresan a través de un cuerpo enfermo. Se ha sabido que los pensamientos de temor matan a un hombre tan rápido como una bala, y continuamente matan miles de personas, tal vez no tan rápido, pero sí con igual efectividad. La gente que vive con temor a las enfermedades es la gente que las contrae. La ansiedad rápidamente debilita el cuerpo, y lo deja expuesto a la enfermedad; mientras pensamientos impuros, aunque no tengan un origen físico, pronto destruirán el sistema nervioso.

Pensamientos energéticos, de pureza y dicha producen en el cuerpo vigor y gracia. El cuerpo es un instrumento muy delicado y plástico, que responde rápidamente a los pensamientos que lo dominan, y los hábitos de pensamiento producirán sus efectos sobre él, sean estos buenos o malos.

El hombre continuará teniendo sangre impura y envenenada mientras sus pensamientos sean impuros. De un corazón limpio emana una vida y un cuerpo limpios. De una mente contaminada proceden una vida y un cuerpo corruptos. El pensamiento es la fuente de toda acción, de la vida y su manifestación; construye una fuente que sea limpia y todo será puro.

El cambio de dieta no ayudará a un hombre que no cambia sus pensamientos. Cuando un hombre purifica sus pensamientos, no deseará más comida impura.

Pensamientos puros (limpios) crean hábitos puros. El llamado santo que no lava su cuerpo no es un santo. Quien ha fortalecido y purificado sus pensamientos no debe preocuparse por el microbio malévolo…

 

COMENTARIOS:

Creo que todos nosotros o al menos la mayoría hemos visto aunque sea en la televisión pruebas que parecen increíbles sobre como el poder de la mente es capaz de lograr hazañas impensables, como el caminar sobre carbones encendidos, evitar el dolor, etc. ¿Es en realidad eso posible, o son trucos? Debo decir porque lo he constatado que muchas son verdad. Yo mismo tras un taller ¡pude caminar sobre carbón al rojo vivo! Tal es el poder de nuestra mente sobre nuestro cuerpo. Pero no es necesario llegar a tales extremos, hay ejemplos más triviales y sencillos como cuando alguien piensa y hasta lo externa diciendo: “Creo que me va a dar…” refiriéndose a un posible resfriado, y ¿qué sucede? Pues que aparece el resfrío. Nuestra mente ya le dio instrucciones a nuestro cuerpo sobre cómo debe reaccionar.

Pero hay expresiones de la mente en nuestro cuerpo que son bastante menos perceptibles, ni siquiera somos conscientes de ellas. Dado que nuestra mente y cuerpo son una pareja inseparable, lo que pase en una, afecta a la otra. De ahí que el autor afirme que los pensamientos enfermos acaban provocando también un cuerpo enfermo. ¿Cuáles son algunos de esos pensamientos enfermizos? Los pensamientos de odio, ira o rencor hacia los demás, pues son como un ácido venenoso que acaba corroyendo y enfermando el cuerpo de uno mismo.

Por el contrario, pensamientos energéticos, virtuosos, es decir aquéllos que nutren el espíritu de manera positiva, son como poderosas vitaminas que producen en el organismo vigor, fuerza y gracia, entendida esta como suavidad, lozanía y firmeza. Nuestra sangre seguirá envenenada mientras mantengamos pensamientos impuros. De una mente sana y un corazón limpio surge también un cuerpo sano y limpio. De la mente sucia se desprende un cuerpo igualmente sucio, es decir enfermo.

No importa el tipo de dieta que hagamos o el medicamento que tomemos, la enfermedad no sanará, mientras nuestros pensamientos también sea sanos. Recuerda, la permanente sucesión de pensamientos sanos y positivos, se traducen también en un cuerpo sano. Aún en el mismo Evangelio lo escriben Marcos y Mateo: “No es lo que entra en la boca lo que contamina al hombre; más bien lo que sale de la boca, esto contamina al hombre.” No es lo que viene de fuera lo que nos enferma, sino lo que tenemos y cultivamos en nuestro interior, esos pensamientos que salen y se traducen en algún tipo de ofensa.

 

ACCIONES:

  • Hoy nuestro ejercicio bien puede ser desear a los demás, lo que deseamos para nosotros mismos. Hoy también podemos desear a cada persona que veamos y desde nuestro interior: paz, salud, alegrías, prosperidad. El mismo Cristo, pone la muestra. Recuerda como cada vez que se encontraba con alguien lo primero que hacía en su saludo era desear la paz. Por algo sería ¿No crees?…

 

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